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Conocemos la importancia de cuidar el medio ambiente. La salud del agua, el bienestar de los árboles, la composición de la atmósfera en la que vivimos… Todas ellas son cuestiones fundamentales para mantener un equilibrio adecuado para la vida en el planeta. Pero, ¿y qué pasa con los animales?

Las interacciones entre los seres vivos son necesarias en los ecosistemas para intercambiar un flujo constante de materia y energía. Gracias a estas interacciones, los ecosistemas se van desarrollando en torno a un equilibrio estable. Cuando influyen fuerzas externas ajenas al propio sistema, el equilibrio que se ha formado entre la interacción de las especies que lo conforman, se rompe y el mecanismo por el que funciona el ecosistema desaparece.

Estos bosques cuyo equilibrio se ha roto está condenados a morir, dado que necesitan de las interacciones entre seres vivos. Los bosques que tienen plantas pero no animales están condenados a ir degradándose y desaparecer en poco tiempo. Los animales cumplen funciones ecológicas que necesitan los árboles para vivir y reproducirse.

Esto se ha podido corroborar gracias a documentos que demuestran que los bosques sin fauna han perdido hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de carbono. Es decir, los árboles siguen ahí, pero no cumplen sus funciones ecosistémicas. Un servicio ecosistémico es aquel que nos otorga la naturaleza por el simple hecho de permanecer en equilibiro y armonía. Por ejemplo, la función de absorción de CO2 por parte de los árboles es un servicio ecosistémico.

En todo el planeta no existe ninguna especie que pueda vivir sola sin relacionarse con otras especies. Aunque las especies sean solitarias, necesitan de otras especies para alimentarse o tener cobijo. Así se conforma la arquitectura de la biodiversidad. Nada está ahí sin ningún sentido, todo tiene una razón de ser. Por ello, es importante tener en cuenta las relaciones entre seres vivos para mencionar la extinción de los ecosistemas.

Para el equilibrio ecológico, los animales juegan un papel determinante. Son actores protagonistas de gran parte de los fenómenos y procesos que garantizan unas condiciones adecuadas para la vida. Hasta el animal más minúsculo del planeta cumple una función vital en su ecosistema, de forma que un cambio en sus hábitos alimenticios, es decir, en las cadenas tróficas, puede comprometer la supervivencia de todo lo que le rodea.

Algunos de los beneficios del reino animal sobre el medio ambiente que quizá más nos suenen, los aportan los animales…

  • Carroñeros: Mantienen el ecosistema limpio de toda materia en descomposición. Eliminan restos orgánicos, evitando la superpoblación de microorganismos perjudiciales para el entorno. Los restos dejados por los carroñeros son después usados por los descomponedores. Los animales carroñeros más conocidos son los buitres y las hienas.
  • Descomponedores: Se encargan de transformar materia orgánica en inorgánica. Absorben y aprovechan sustancias nutritivas de los restos de animales y plantas. Podría verse como una especie de “reciclaje” que posee la naturaleza para no desperdiciar materia que aún puede ser utilizada. Por ejemplo, la lombriz de tierra descompone materia que pasa a formar parte de los suelos fértiles.
  • Polinizadores: Son los responsables de la transferencia de polen desde unas flores a otras, haciendo posible la producción de semillas y posteriores frutos. De ellos dependen los cultivos de todo el planeta, y con ello, parte de nuestra alimentación. Las avispas destacan como uno de los polinizadores más importantes.